Sobre la revolución permanente
La sociedad socialista no puede darse en un solo país, mucho menos
en uno tan rezagado inclusive desde el punto de vista capitalista
La lucha real por el socialismo en nuestro continente, es decir sin explotación, comenzada en Cuba en 1958, tras su aislamiento económico criminal, se mantiene por la guapeza de las masas trabajadoras cubanas, y sólo puede consolidarse en el marco de los Estados Unidos Socialistas de América Latina, ya que la sociedad es global, ninguna parcela autónoma puede por más original que sea generar un socialismo particular, menos en Venezuela, con un parque industrial manufacturero, privado, atrasado y ligado al capital extranjero.
El cambio de una sociedad a otra no se puede dar ensayando y errando cuando tenemos conocimientos comprobados por las luchas y también por nuestras derrotas, tanto en Venezuela, como en países cercanos. Se necesita de una organización y una política que exprese un programa. Este programa es la generalización de los problemas más comunes que padecen los trabajadores y las comunidades, combinando esta lucha con los más agudos y más generales del país, debe culminar con la conquista del poder para los trabajadores y solucionarlos de raíz.
El socialismo del siglo XXI no puede ser más impreciso, lo que llaman inédito son las luchas más elementales contra los abusos y atropellos de los que tienen el poder económico, sin organizarlas ni coordinarlas contra las causas que lo originan y cuyos ejecutores sí están organizados y tienen todo el conocimiento para desviar, diluir, o derrotar las protestas. Los llamados socialistas que establecieron alianzas con los explotadores no hacían una política revolucionaria sino que expresaron el retroceso de la revolución por la vía de la burocratización y la corrupción.
Por el contrario, el método de los marxistas, es el estudio para el conocimiento científico de la sociedad y su transformación, que no puede ser otra que la socialista. El marxismo, nos da las herramientas para denunciar cómo se sustenta y se reproduce el capitalismo, sus limitaciones, su fracaso, y a partir de su declinación histórica, hace muchos años, desplazarlo para construir la sociedad socialista. Los rasgos comunes del capital en cualquier región o país, se imponen a las situaciones particulares, que no se niegan pero tampoco eliminan estas leyes generales. En todos los países, las luchas de la clase trabajadora contra la explotación por más diferente que parezca no se separa del combate diario por aumento de salarios y contra la desocupación. Esto es un eje que mientras más avanza el siglo XXI, no hace más que agudizarse.
La revolución permanente no es para andarla mencionándola sin siquiera conocer de que se trata, y lejos de intentar implementarla.
El capitalismo en su totalidad es salvaje, por lo que no podemos promover otro tipo. En los países que se jactan de no serlos, sustentan su aparente prosperidad en la explotación de propios y extraños, es decir con sus tentáculos capitalistas expandidos por el mundo entero
La unidad latinoamericana solo es posible entre los trabajadores explotados y oprimidos, la unidad militar comenzando por la nuestra es el pueblo armado y con autonomía. Esto significa que queda eliminada toda posibilidad de represión contra el pueblo mismo, o custodiando la propiedad privada que atropella y abusa, como lo sigue haciendo la guardia nacional. Definitivamente nuestra política auténticamente socialista tiene que ser con los trabajadores petroleros de América latina, con los de la manufactura, con los campesinos, con los pescadores, unificar las luchas contra los patronos y la legalidad burguesa que los aprueba.
Comenzar el socialismo en cada país, no puede darse sin enfrentar la extrema debilidad económica, o lo que es lo mismo, dejar de ser proveedor de materia prima para los países de las metrópolis, el imperio. El socialismo no puede ser entregador de los recursos que el país genera, sin diversificar la economía de acuerdo a las necesidades de los venezolanos y no de los norteamericanos. Para un desarrollo industrial y agrario armónico e integral, hay que echar a los pulpos o monopolios extranjeros que no lo permiten y para eso tienen el capital financiero, las casas de inversión y especulación, la bolsa, las armas, el transporte marítimo y aéreo, el control de todo el mundo. Todo a expensas de la clase productora, los trabajadores de la ciudad y del campo, los asalariados y los campesinos. Por lo mismo, los gobernantes que no son representantes de las clases trabajadoras, al final se prestan para el mismo objetivo, utilizar los recurso fiscales para favorecer aun más a los monopolios por un lado y para enriquecerse ellos.
Los trabajadores no les queda menos que constituyéndose en gobierno, resolver los problemas pendientes de la nación, ya que la burguesía es decrépita, y consecutivamente convirtiendo las de naturaleza socialista, porque ningún sector o líder por brillante que sea puede encarnar nuestros intereses, de esta forma la revolución es permanente hasta lograr todos los objetivos es decir el socialismo