Partido único o Cogollo Único

La necesidad de crear un partido político único puede ser la respuesta previa a un camino hacia una crisis política, la propuesta es apoyada por intereses de otra índole como la codicia de burócratas de diverso pelaje. Con partidos políticos en disolución, como AD, COPEI, sus sucedáneos y demás camaleones cuartorepublicanos, los que emergieron en la V república, nacidos o resucitados con ella, pronto se conectaron a la savia de los dineros del estado, vía participación en el gobierno. La reconstrucción de un nuevo régimen de poder, sobre las mismas bases sociales anteriores, porque nada cambio estructuralmente, debe hacerse desde el Estado. Desde el estado vivieron los adecos y copeyanos, que abarcaron a todo el país y a todas las clases sociales. El resultado de una creación política desde el Estado no podrá ser la creación de un nuevo régimen de partidos en el verdadero sentido histórico, pues los partidos sólo son tales cuando son el producto de las luchas sociales. Lo que emergerá, de nuevo, sería un súper aparato controlado desde arriba y compuesto por funcionarios. Por eso podemos anticipar que las tentativas de formar un partido a fuerza de maniobras está condenadas al fracaso, en la medida que nace como una necesidad de reconstruir un sistema de poder colapsado, producto de la descomposición del sistema democrático, que en Venezuela ha sobrevivido, luego de pasar por la coyuntura del colapso de los precios del petróleo donde mermo el ingreso petrolero, que permitía tanto despilfarro.
Por analogía, trae a la memoria, la lucha entre optimates (los hombres excelentes o fracción aristocrática) y populistas en la decadencia de la republica romana que precedió a nuestra era cristiana. Los optimates deseaban limitar el poder de las asambleas populares romanas y aumentar el del parlamento selecto, al que consideraban como más estable y mejor a la hora de buscar el bienestar de Roma. Los optimates favorecieron a los nobles y se opusieron a la ascensión de los ‘hombres nuevos’ (plebeyos, normalmente nacidos en las provincias, cuyas familias no tenían experiencia política) dentro de la política romana. Irónicamente, el mejor político de esa facción salió de una extracción contraria a lo que representaba. Una serie de líderes llamados populares (o factio popularium ‘partido de los del pueblo’) aparecieron en el período de crisis que representaba la última república romana, se opusieron a la aristocracia tradicional conservadora y apostaron por el uso de las asambleas del pueblo para sacar adelante iniciativas populares destinadas a la mejor distribución de la tierra, el alivio de las deudas de los más pobres y la mayor participación democrática del grueso de la población. Todos sin embargo, como en el momento actual, no representaban la ruptura, sino la sobrevivencia de lo que estaba por morir. Hoy representan un mayor nacionalismo y critican al sistema económico neoliberal, manteniendo por igual una forma de capitalismo proteccionista. En fin, como balance, todo movimiento populista les da a la población beneficios limitados o soluciones a corto plazo, si se quiere migajas, que no ponen el peligro el orden social instituido ni le otorgan capacidades reales de autodeterminación a los pueblos sino que sirven para mantener la popularidad del régimen capitalista reforzando su poder.
Todos por igual representan las instituciones, tiene como función la perduración del sistema y lo defienden como su base de principios, permiten a la oposición y su dinero hacer “democráticamente” todos sus oficios, mientras obstaculizan, retardan y de ser necesario reprimen cualquier salida autónoma, lucha de independencia de clase de los trabajadores o comunidades organizadas.
Curiosamente, hoy, todos hasta los críticos, omiten mencionar o llamar al debate cuales deben ser las exigencias o propuestas para una plataforma única de lucha de acuerdo a las necesidades de inmediatas de las masas y que tipo de gobierno puede solucionar históricamente los problemas seculares de los trabajadores y del pueblo.